Obama se ha convertido ya en mito mucho antes siquiera de que comience su mandato. Aparte de que sea el primer presidente afroamericano (a medias) de la historia y todo lo que ello significa, su figura ha sido engrandecida hasta niveles mesiánicos por sus seguidores. Sus discursos retóricos plenos de buenas palabras pero vacíos de contenido real han encandilado no sólo a aquellos americanos que se dicen demócratas, sino a una gran parte de la progresía antiamericana europea, que suspiraba hace escasos meses por la caída de este imperio del S.XX y XXI.
Aparte de que mis convicciones me lleven a estar más cerca de los valores defendidos por los republicanos (con lo que la distancia conlleva), no pudo entender ni entenderé nunca esa fe ciega en una persona, mejor dicho, en un político, que no ha demostrado absolutamente nada. No se le conoce ninguna iniciativa legislativa en su etapa como senador de Illinois y se ha demostrado ya como hace un uso partidista de su condición irreal de afroamericano. Para el que no lo sepa, ya que esto no interesa contarlo en España, Obama pasó su juventud en las agradecidas playas de Hawaii, criado por su abuela blanca, hija de la gobernadora del Banco de Hawaii, es decir, no precisamente pobres. Al trasladarse a Chicago frecuentó en múltiples ocasiones la iglesia de un pastor negro racista que abogaba por la superioridad de la comunidad negra ante los blancos. Éste pastor influyó hasta tal punto en su vida que llegó a ser su director espiritual, pero al comenzar el proceso electoral, él dijo que apenas tuvieron relación. Y así podría contar alguna historia más de este nuevo "salvador".
Desde un primer momento mantuve y mantengo, la teoría de que Obama es un producto, una marca que quieren que compremos y sin la cual no podríamos vivir. Los hilos de esta marioneta son movidos con la intención de devolver el poder a un sector de la población americana que sabe que le es muy difícil de conseguir ya que esa gran nación es en su mayor parte, y a la historia me remito, conservadora. Los vientos le eran favorables, los famosos, el dinero, la prensa y la situación mundial; y aún así solo ha ganado por un 6% de los votos a un hombre de 72 años.
Y es ahora donde viene mi parte favorita. Estados Unidos nunca será lo que Europa le gustaría que fuera; la socialdemocracia nunca se impondrá y los valores nacionales, la libertad individual y el libre mercado seguirán siendo los abanderados de este país. Podrán cambiar algunas cosas, algunos detalles, pero ese "change" que ha repetido Obama hasta quedarse afónico no será profundo ni revolucionario. Quizá por esto, por la inmovilidad de los valores fundamentales, EEUU está donde está y países como España, enfrentan a los herederos de los muertos de guerras de hace 70 años.
En EEUU, no hay jornada de reflexión ni se asaltan sedes el día antes de las elecciones, hay atentados y el pueblo se pone del lado del gobierno mientras los medios de comunicación apelan al patriotismo y al sentimiento de nación. La historia juzgará si Obama nos engañó a todos o fue un buen presidente; si sus palabras bonitas se quedaron sólo en eso o de verdad hizo un mundo mejor. De momento, yo me mantengo expectante, esperando a que un día alguen me diga "what is what we can".
